
A
lo largo de los últimos 500 años el Volcán
de Fuego de Colima ha tenido una frecuencia de actividad de tipo
explosiva con un número que supera las 30 erupciones entre
las que destacan las de 1585, 1606, 1622, 1690, 1818, 1869, 1890,
1903 y 1913, por citar sólo algunas. Adicionalmente, se debe
tener en cuenta la actividad de menor grado, todo lo cual nos demuestra
que a lo largo de los últimos siglos este volcán ha
incrementado su proceso eruptivo, y la actividad que sigue manteniendo
actualmente es el motivo por el cual se deben seguir realizando
estudios sobre su peligrosidad y riesgo en el momento de una nueva
erupción.

Las
manifestaciones evidentes que ha demostrado el Volcán de
Fuego de Colima durante sus períodos de actividad, son las
erupciones de material magmático expulsado en diferentes
formas, presentando además otras manifestaciones pre-eruptivas
que nos dan la posibilidad de prever una gran erupción. Una
de las recientes, la de 1913, produjo un cráter de aproximadamente
500 metros de profundidad que se ha llenado lentamente con lava
y ha sobrepasado el nivel de los labios del cráter, formando
un domo que obstruye la chimenea principal del volcán, convirtiéndose
en un tapón que impide la salida del material desde el interior.
En 1991, un episodio de crecimiento de domo de lava en bloques generó
un colapso parcial del cuerpo del mismo, produciendo derrumbes de
material incandescente y lahares posteriores. La reciente erupción
de carácter efusivo del 20 noviembre de 1998 nos demuestra
que la actividad interna del volcán sigue el comportamiento
de siglos anteriores en los cuales el ciclo eruptivo termina con
un cambio en el estilo de actividad, culminando en una erupción
de tipo subpliniana a pliniana con la generación de una columna
eruptiva mayor a 10 km y produciendo lluvia de ceniza en un radio
mayor a 30 km, generando además, flujos piroclásticos
por las pendientes hasta en un radio de 15 km, tal y como ocurrió
en 1818 y 1913.

En
el domo también se producen explosiones. Entre las más
recientes tenemos las ocurridas en 1987 y la del 21 de julio de
1994 que dejó un cráter somero en la superficie del
domo formado en 1991 y alcanzó un diámetro de 130
metros por 50 metros de profundidad y produjo una ligera lluvia
de ceniza hacia el oeste. El 10 de febrero de 1999 se presentó
un nuevo evento explosivo en la cima del volcán, mismo que
repitió con menor intensidad los días 18 de febrero
y 10 de mayo de 1999. El 17 de julio de 1999 tuvo lugar una nueva
y violenta explosión que arrojó una gran cantidad
de material incandescente por los costados del volcán y levantó
una columna de ceniza superior a los 8 km.

En
la actualidad existen, tanto en los estados de Colima y Jalisco,
un número de poblaciones vulnerables ante una posible erupción.
El depósito de flujos piroclásticos, lluvia de pómez
y cenizas, así como flujos de lodo o lahares, podrían
afectar en primera instancia a las poblaciones de La Yerbabuena,
La Becerrera, Barranca del Agua, Rancho El Jabalí, Suchitlán,
San Antonio y Rancho La Joya, en el estado de Colima; además
de Juan Barragán, Agostadero, Los Machos, El Borobollón,
Durazno, San Marcos, Tonila, Cofradía de Tonila, Causentla,
El Fresnal, Atenguillo, Saucillo, El Embudo y El Chayán,
en el estado de Jalisco; y en segundo término a otras poblaciones
de ambos estados un poco más alejadas, como son: Quesería,
Ciudad Guzmán, Tuxpan, la ciudad de Colima, Villa de Álvarez,
Comala y Cuauhtémoc, por citar algunas.
El Volcán de Fuego de Colima presenta otras manifestaciones
que nos permiten prever la posibilidad de una erupción. A
este respecto, el conocimiento de la actividad sísmica es
muy importante, para lo cual se cuenta con el apoyo de la Red Sismológica
Telemétrica del Estado de Colima (RESCO). Buena parte del
monitoreo de la actividad del Volcán de Fuego lo lleva a
cabo el personal del Observatorio Vulcanológico de la Universidad
de Colima apoyado por el Sistema Estatal de Protección Civil.