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ENTREGÓ EL RECTOR A ENRIQUE SERNA EL PREMIO NARRATIVA COLIMA 2004

Enrique Serna, escritor mexicano, recibió este martes por la mañana los 40 mil pesos del Premio Narrativa Colima 2004 por obra publicada, que ganó con su novela Ángeles del abismo, en el auditorio de la Faculta de Letras y Comunicación de la Universidad de Colima.
Este premio, que es el más antiguo y generoso de los que se entregan en Colima a una obra literaria, es financiado en partes iguales por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y la universidad local. Ha sido ganado, entre otros, por Isabel Allende, Elena Garro, Ricardo Garibay y Juan García Ponce.
De acuerdo con el jurado, Ángeles del abismo ganó el concurso (compitiendo contra más de 60 novelas) por ser “un trabajo con fuerza narrativa, calidad anecdótica y fuerza verbal”, y por su “reconstrucción de tópicos del imaginario colonial”. El jurado estuvo compuesto por los escritores Rosa Beltrán, José María Espinasa y Álvaro Ruiz Abreu.
El premio, dijo Enrique Serna, autor también de las novelas El seductor de la patria y Miedo a los animales, dijo que este premio representa “un estímulo muy gratificante y una recompensa por los años de trabajo que le dediqué a esta novela”. El premio, dijo, le cayó de sorpresa porque no sabía que su editorial lo hubiera mandado a concursar.
Ángeles del abismo es una novela picaresca ubicada en el siglo XVII mexicano, en los años de la contrarreforma, que narra la vida de Crisanta Cruz, una falsa beata que finge arrebatos místicos para sacarle dinero a los ricos, con un gran talento histriónico que le permitió convertirse, en pocos años, en la favorita de los virreyes por su supuesta santidad.
Crisanta, al ser una mujer que en el fondo sólo quería divertirse como cualquier otra muchacha, sostenía en secreto relaciones íntimas con su amante indio, Tlacotzin, que entraba a su casa disfrazado de criado. Este hecho, que fue verídico y está asentado en documentos, le sirvió de base para desplegar sus dotes de narrador. Inventó un pasado para sus personajes y aprovechó, de paso, para criticar a la sociedad represiva de esos años, principalmente a los religiosos y a la clase gobernante.
A diferencia de Quevedo, que en sus obras picarescas, como La vida del buscón, criticaba a las clases marginadas, oprimidas, Enrique Serna se dedicó a criticar a los ricos, a los grupos privilegiados, a los frailes que vendían pulque a los indígenas o bien a los “poetas lambiscones”, gente que a su juicio era más “grotesca” y que merecía un tratamiento satírico.
En su novela E. Serna, considerado por el crítico literario Christopher Domínguez como “uno de los narradores más naturalmente dotados que han aparecido en México durante los últimos años”, rescata además la presencia indígena con un personaje como Tlacotzin, que tiene el mismo peso que Crisanta Cruz dentro de la obra. Esto porque los autores de aquellos años se referían a los indígenas sólo como un telón de fondo, siendo que su importancia era mucha y definitiva.
Le llamaron la atención estos dos personajes históricos “porque son transgresores. Por un lado se estaban burlando de la religión y por el otro desafiaban la sociedad de castas, porque el hecho de que una mujer blanca fuera pareja de un indio era un gran escándalo para ese tiempo”. Además, lo hizo porque “la vida de los canallas nos dice más sobre la condición humana que la de los personajes ejemplares”.
Su propuesta, además, es narrar a contrapelo de ese género mundial que tanto éxito tiene y que es el melodrama, donde la gente se identifica con los buenos y odia a los malos, “y termina engañada al no ver los demonios que tiene”. En cambio, las novelas de antihéroes, dijo, “nos ponen en guardia contra las pulsiones humanas destructivas que hay dentro de todos nosotros”.
En este sentido, comentó en entrevista, “el humor negro es un arma destructiva y al mismo tiempo tiene un poder analgésico, porque nos ayuda a neutralizar agresiones de la realidad que de otra manera podrían destruirnos. Eso lo sabemos bien en México, donde siempre nos hemos reído de las cosas que nos hacen daño, empezando por la muerte. El humor negro, pues, es un proceso de alquimia que sirve para extraer placer del dolor, y por eso ha sido la columna vertebral de toda mi obra, sin que yo lo haya buscado de forma consciente. Es la mejor manera de liberarte de la solemnidad y del almidón que a veces pesa sobre la literatura”.
A los jóvenes escritores les recomendó leer a los clásicos de nuestra propia lengua y no sólo autores de los géneros que quieren escribir. Que lean poesía, narrativa y drama y “que mantengan una constante autocrítica, porque finalmente el proceso de desarrollar un estilo literario es un proceso de automejoramiento al que sólo se puede llegar cuando se tiene una sinceridad para juzgar el propio trabajo. Que lean pocos periódicos y eviten las malas traducciones, porque son cosas que estropean el estilo”.
El rector de la Universidad de Colima, Carlos Salazar Silva, y Salvador Castañeda, por parte del INBA, entregaron el premio.
Carlos Salazar, en su intervención, felicitó al novelista y dijo que una preocupación central de la U de C era la difusión de la ciencia y la cultura, que por eso apoyaba y le daba continuidad a este premio. Habló también de la importancia que tiene la lectura para hacerse de una mejor formación cultural y finalmente invito a Enrique Serna para que en el futuro participe con algún taller o conferencia en la Facultad de Letras.
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