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Museo Alejandro Rangel Hidalgo
 

"El hombre y el arte fundidos en su tierra original"

Nogueras es un asentamiento muy antiguo, la cantidad de cerámica en el subsuelo lo comprueba. En épocas prehispánicas llevó el nombre de Ajuchitlan, que significa Valle de las Flores; fue entregada por méritos en campaña a un militar cuyo nombre se desconoce, probablemente amigo del sanguinario capitán Gonzalo de Sandoval, a quien Hernán Cortés encomienda la conquista de estos reinos. Un gripo de franciscanos se encarga de la evangelización de los pocos indígenas que sobrevivieron, y ellos fundan la capilla del lugar. (Alejandro Rangel Hidalgo.)

En 1704, Juan de Nogueras adquiere la hacienda de Ajuchitlan, y desde entonces se le conoce como Nogueras. Durante los siguientes 200 años cambia varias veces de propietario hasta llegar a manos de los abuelos de Alejandro Rangel Hidalgo, quienes la convierten en hacienda azucarera, ahora Nogueras por la intervención de la Universidad de Colima. En este entorno el artista colimense se inspiró para pintar sus tarjetas de Navidad que viajaron por todo el mundo llevando el mensaje de paz, colorido y tradición mexicana.

La Universidad de Colima adquirió la casa que habitaron él y su esposa Margarita Septién Rul y otros espacios alrededor para albergar un Centro de Estudios, un Parque Ecológico y el Museo Alejandro Rangel Hidalgo que ya ha recibido más de 100, 000 visitantes.

UBICACIÓN

El pueblo de Nogueras se ubica en el municipio de Comala, a 8 Kilómetros de la ciudad de Colima y para llegar a él se toma la carretera Villa de Álvarez-Comala, después de la escuela de Trabajo Social Vasco de Quiroga y pasando el puente, se toma el camino a mano derecha, que conduce a Las Huertas y se sigue 2 kilómetros.

RECORRIDO

Alejandro Rangel Hidalgo (1923-2000), fue un artista colimense que vivió en la ex-hacienda de Nogueras. La casa que habitaron él y su esposa Margarita Septién Rul es hoy el Centro Universitario de Estudios e Investigación. El lugar en donde ahora se encuentra el Museo, fue muy probablemente parte de la casa de los franciscanos que evangelizaron esta región.

Este museo expone, principalmente, tres facetas del artista Rangel: la de diseñador y fundador de la Escuela de Artesanías Comala en la primera sala de la entrada, la de pintor en la sala 2 y la de coleccionista admirador de la cerámica prehispánica encontrada en los alrededores de este lugar, salas 3 y 4.

PRIMERA SALA

En esta sala se muestra una pequeñísima parte del trabajo que Rangel Hidalgo realizó como diseñador en "Artesanías Comala" en 1971 a 1976. Con el apoyo federal él funda esta escuela y durante este período produce su mejor obra docente, que es divulgada internacionalmente, logrando preparar a innumerables artesanos egresados de dicha institución. El diseño de estos muebles es ahora patrimonio de la Universidad de Colima.

COCINA RURAL

Se instaló escenográficamente esta cocina mexicana, versión deliciosa e idílica con variedad de aparejos prehispánicos y coloniales: chicol, tinaja de barro, zarzo, garabato, metate, molcajete, cedazo, bules o huajes, balsa, fogones, comales, malachicol, ollas y cazuelas de barro, cucharas y palas de madera, filtro de agua, medida, botes para la leche, plancha de carbón, molinos, cazuelas de cobre, botellas de vidrio, batidor para hacer mantequilla, canasta de huevos, quinqué, etc.

La fracción de luz o de sombra es una obsesión para él. Coloca el pincel en ese preciso lugar: recordando formas, olvidando detalles, reteniendo esencias, mirando con lente propio. Así logra él su estilo, su implacable dominio en el trazo de la línea.

En una época en que belleza y perfección se tienen en desprestigio, Rangel se mantiene fielmente y sin disculpas enamorado de ellas. La belleza de los objetos naturales es tema permanente en su pintura.

El estilo de Rangel Hidalgo tuvo un triunfo poco común: el de poder gustar a los entendidos sin ofender a los espontáneos.

Alejandro es marcadamente original pero sin la manía deformatoria porque no está peleado con la belleza. El secreto está en su manera de estilizar, y es un doble secreto uno es técnico y otro espiritual

TERCERA SALA

En esta época no hay evidencia de sacrificios, esta cultura parece dedicarse a admirar lo cotidiano y prepararse para el misterio de la muerte. Aquí la vida tiene otra pauta. No tiene el drama de la cultura teocrática, no tiene figuras solemnes, ni dioses esculpidos. Sus valores van hacia el interior, hasta el espíritu, indiferentes a la lucha por el poder, el tributo, y a las representaciones que infunden temor. La pirámide y la tumba de tiro expresan preocupaciones diferentes.

CUARTA SALA, "EL HORNO"

En esta sala se expone la colección de cerámica prehispánica, originaria de los alrededores de Comala y salidas de tumbas de tiro. Como bien sabemos, el pueblo aquí asentado no erigió urbes hegemónicas, ni esculpió estelas monumentales, ni se ocupó científicamente de asuntos siderales, pero sí dedicó lo mejor de su esfuerzo a honrar celosamente a sus difuntos. La vista puede identificar en las vitrinas, la belleza, la delicadeza y originalidad de estas piezas que son reflejos de una vida refinada, de valores espirituales, de respeto y amor por la vida y la naturaleza. Se posee poca información histórica y arqueológica por falta de estudios; hasta hace poco tiempo, sabemos que pertenece a los complejos cerámicos: "Colima", "Comala" y "Ortices", con un fechamiento aproximado de 500 A. C. Y 600 D. C. En su mayoría las figuras son huecas para facilitar el proceso de cocimiento en el horno.

Rangel Hidalgo, el autor de esta museografía, quiso transportarnos a épocas muy antiguas en donde la cerámica se cocía en grandes hornos y envuelve al espectador en colores de fuego.

La vida de estos hombres transcurre ante nuestros ojos: mujeres cargando vasijas, mujer embarazada, bella escena de pareja que viene caminando. Hombres trabajando, agotados por su trabajo, descansando, cargando, se observa el mecapal en su frente. Alfarero, niño jugando con perro, perro itzcuintli comiendo maíz. Variedad de figuras en actitud de ceremonia, tamborilero, caracolero, caracoles, dirigentes de ceremonias bebiendo, contorsionista y luchador.

En la gran vitrina (el zoológico), más de cuarenta y cinco graciosos animalitos de su paraíso terrenal. Colima es especialmente reconocido por sus figuras zoomorfas, parece ser algo especial para los pobladores de estas tierras el perro xoloescuintle. Elegante y gracioso de proporciones armoniosas, "rima visual perfecta", así se le reconoce a un perro que tiene un lugar especial en este museo. Perros gordos, guardianes atentos a sus amos, perros relajados con panza al piso, contrastando atentas orejas y flácidos cachetes, perros juguetones, perros compañeros, perros que los guían, descifrando con su olfato misteriosos mensajes... en fin... el perro de cerámica que es depositado en cada tumba para guiarlos y acompañarlos en su camino después de la vida.

Admirables en más de un sentido, son tanto la sabiduría técnica empleada en los procesos de cocción, pulido o bruñido, como el finísimo modelado y el dominio absoluto de volúmenes y geometrías esenciales, además de un interminable repertorio temático; tanto que nos lleva a pensar que sus productores pertenecieron a una organización, capaz de generar objetos de un raro refinamiento, como expresión del elevado sentido de la valoración estética, inherente a culturas consolidadas.

Al salir de esta sala en un pasillo se encuentra una muestra de las tarjetas de Navidad que la UNICEF y la New York Graphic Society editaron dándole un reconocimiento internacional a Rangel Hidalgo.

 

Texto: Lic. Ma. Emilia Rangel Brun

 

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